2030V

HORIZONTE 20.30

HACIA UN MUNDO CONSTRUIDO SOBRE LA RESPONSABILIDAD COMPARTIDA Y EL CUIDADO MUTUO

Compromiso para la erradicación de cualquier forma de violencia y la promoción de entornos protectores basados en el buen trato y el cuidado mutuo

Horizonte2030
NUESTRO COMPROMISO
  1. Como manifestación de nuestra firme voluntad de contribuir de manera efectiva aquí y ahora a la construcción de entornos libres de violencia, basados en el buen trato y el cuidado recíproco, asumimos tanto a título individual como colectivo los compromisos que se establecen a continuación, entendiendo que la protección, el buen trato y el cuidado mutuo exigen una definición de máximos y que la única forma de aproximación al horizonte compartido a través de este Compromiso es mediante el seguimiento, monitorización y evaluación sistemática de las medidas implementadas dirigidas a dicho objetivo y la adopción de la mejora continua como eje de nuestras actuaciones.
  2. Definimos los entornos protectores basados en el buen trato y el cuidado mutuo en los siguientes términos:

a. Un espacio consciente de los riesgos reales -tangibles, intangibles y virtuales- y potenciales y sobre los que se interviene de manera efectiva para facilitar que las personas pueden participar, desarrollarse y crecer, vivir y convivir en contextos libres de violencia.

b. Construido desde el enfoque de derechos y basado en dar respuesta a las necesidades reales de las personas que participan en él, asumiendo la diversidad en todas sus dimensiones.

c. Donde todas las personas implicadas son conscientes de su labor y compromiso con la protección real y el cuidado mutuo.

d. En el que se garantizan los derechos de todas las personas.

e. Y se previene de forma eficaz, detecta, notifica y actúa ante cualquier situación real o potencial que pueda suponer un riesgo para la integridad física, psicológica, emocional o social de las personas.

f. Es un entorno que evalúa y actualiza el análisis de los riesgos internos y externos y diseña medidas para su prevención, erradicación, neutralización y/o reducción. La eficacia de las medidas propuestas debe ser evaluable.

g.Un espacio que aspira a ser más que un contexto de protección, anteponiendo la dignidad de las personas y empoderándolas a través del buen trato.

h. que asume el rol de dinamizador de estrategias de prevención basadas en la comunidad, más allá de los límites de actuación de la entidad, implicando a todo el contexto en su misión protectora y ampliando así su ámbito de influencia sobre el contexto.

  1. Asumimos el compromiso de prevenir, detectar y actuar de forma efectiva y clara en nuestro ámbito de influencia contra cualquier modalidad de violencia contra las personas, especialmente contra niños, niñas y adolescentes y adultos en situación de vulnerabilidad.

 

  1. Para ello, asumimos un posicionamiento de tolerancia cero contra la violencia, el trato inadecuado y el maltrato, promoviendo como estrategia clave, a todos los niveles y mediante todos los medios disponibles, valores, actitudes y conductas orientadas al buen trato.

 

  1. Nos comprometemos a contribuir a la creación de entornos protectores y a desarrollar cuantas acciones sean necesarias para ello, implementando, promocionando y difundiendo las herramientas que contribuyen efectivamente a su construcción.

 

  1. Asumimos que la construcción de entornos protectores basados en el buen trato y cuidado mutuo es un proceso de transformación tanto a nivel interno –individual y colectivo- como de creación de cultura, y que por lo tanto debe ser progresivo, planificado a medio plazo y adaptado a la realidad y posibilidades del entorno.
NUESTRO OBJETIVO

El objetivo del Compromiso HORIZONTE 20.30 es conseguir en el plazo de 10 años (2020-2030) una disminución significativa de la violencia contra los niños, niñas, adolescentes y las personas en situación de vulnerabilidad mediante la transformación de los entornos en los que se encuentran estas personas en contextos de protección efectiva, empoderamiento, buen trato y cuidado mutuo, posibilitando que las personas puedan crecer, desarrollarse, vivir y convivir en espacios libres de violencia, donde el respeto a la dignidad y el reconocimiento del otro sean una realidad.

PREMISAS

El Compromiso HORIZONTE 20.30 se define como una estrategia orientada a la erradicación de la violencia -especialmente aquella que atenta contra los niños, niñas y adolescentes y las personas en situación de vulnerabilidad- y como una contribución activa a los Objetivos de Desarrollo Sostenible[1] y –entre otras- a la iniciativa conjunta de la Unión Europea y Naciones Unidas Spotlight para eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas[2] en el marco de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención de los Derechos del Niño, ambas de Naciones Unidas.

 

El presente Compromiso se centra erradicar la violencia, en cualquiera de sus manifestaciones, tanto a nivel personal como interpersonal e institucional; sin embargo, al incluir la dimensión de buen trato y cuidado mutuo, resulta transversal a todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible, por lo que asume –en diversa medida- todos ellos.

 

La construcción de un mundo basado en la responsabilidad compartida y el cuidado mutuo sólo puede ser posible con la clara voluntad de erradicar el uso de la violencia como una alternativa viable en las relaciones entre las personas y los colectivos, incluyendo las instituciones y las administraciones. Y esto exige la participación activa de todos los que formamos parte del ecosistema humano, al margen de nuestra edad, situación o circunstancias. Por este motivo, el Compromiso HORIZONTE 20.30 puede ser suscrito por profesionales, estudiantes o particulares interesados en esta problemática y también por cualquier tipo de colectivo (entidades del Tercer Sector de Acción Social, empresas, Administraciones, universidades, entidades del ámbito deportivo, congregaciones, asociaciones…) y por supuesto, por niños, niñas y adolescentes.

 

La violencia es un fenómeno poliédrico, ubicuo, complejo, multidimensional y en el que confluyen diversas variables y factores en interacción continua con otros procesos que forman parte de nuestra realidad. La violencia contra niños, niñas y adolescentes y las personas en situación de vulnerabilidad es un fenómeno mucho más frecuente y próximo de lo que nos gustaría reconocer. Esta complejidad hace que todos seamos necesarios y ninguno prescindible; poner en marcha acciones de protección, buen trato, empoderamiento y cuidado mutuo en nuestros entornos más inmediatos, en nuestros espacios de influencia cotidianos, nos posiciona como miembros de una ciudadanía comprometida con nuestro futuro más próximo, pero también con el de quienes nos siguen.

 

El Artículo 19 de la Convención de los Derechos del Niño[3] concreta la responsabilidad del Estado, quien deberá adoptar todas las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual, mientras el niño se encuentre bajo la custodia de los padres, de un representante legal o de cualquier otra persona que lo tenga a su cargo. Como ciudadanos, esta obligación de las administraciones no nos puede ser ajena. No podemos limitarnos a delegar en otros -ya sean personas o estructuras- algo con lo que convivimos y que –lo queramos o no- también es responsabilidad nuestra. La violencia puede ser ejercida desde las instituciones; pero también por las personas y, al fin y al cabo, tanto las instituciones como las administraciones –del tipo que sean- también están formadas por personas. Somos nosotros quienes tomamos decisiones y las llevamos a cabo. Somos nosotros quienes debemos materializar nuestro Compromiso.

Por otra parte, todo lo expuesto en el punto anterior carece de sentido si no consideramos a todas las personas, sin distinción, destinatarias de este Compromiso. Lo consensuado en el marco de la Convención de los Derechos del Niño no sólo nos incumbe a todos nosotros, sino que también nos incluye, haciéndonos co-responsables unos de otros y también de nuestro entorno social, natural y virtual.

 

El buen trato supone partir del reconocimiento del otro, de su dignidad e integridad, humanizando nuestra interacción en base al respeto recíproco y el establecimiento de vínculos positivos, garantizando que lo que hacemos se ajusta a sus necesidades reales (y no percibidas), a su estadio evolutivo, características y circunstancias. La cultura del buen trato implica comprender que las relaciones de buen trato deben ser recíprocas y multidireccionales, partiendo del buen trato a uno mismo.

 

Las relaciones interpersonales han de basarse en la construcción de relaciones de empoderamiento recíproco que permitan a las personas cuidar de sí mismas y desde su propia libertad, vincularse positivamente a otras personas. Sólo cuando aprendemos a cuidar de nosotros mismos somos conscientes de que en ocasiones necesitamos que nos cuiden, al tiempo que somos capaces de cuidar de otros y -por extensión- cuidar de nuestro entorno físico, social, natural y virtual, entendiendo que formamos parte de un ecosistema dentro del cual interactuamos con la realidad en sus múltiples dimensiones. La cultura del cuidado mutuo es resultado de la toma de conciencia –a nivel individual y colectivo- de la reciprocidad, empezando por el cuidado de uno mismo.

 

En función de lo que venimos diciendo, un entorno protector es un ecosistema (social, natural, virtual) en el que nos tratamos bien y cuidamos los unos de los otros en un espacio libre de violencia.

 

La adhesión al presente Compromiso es un requisito fundamental para formar parte de la Plataforma para la promoción de entornos protectores basados en el buen trato y el cuidado mutuo promovida por iidis y participar en su Comunidad de Aprendizaje.

ADHESIÓN

Mediante su firma, mostramos nuestra adhesión al Compromiso HORIZONTE 20.30 -como entidad o a título personal- y nuestra voluntad de contribuir activamente a la creación de entornos protectores, de buen trato y cuidado mutuo como estrategia clave para la erradicación de la violencia y la construcción de un Mundo basado en la responsabilidad compartida.